Cusco-CEGEN: Conferencia "El simbolismo de Taurus"

El pasado sábado 03 de mayo el Ps. Sergio Ariel Sánchez (UNAM), Director de la Casa de la Cultura Dr. David Juan Ferriz Olivares, con estudios en la Facultad de Cosmobiología; brindó a la audiencia una profunda e interesante conferencia sobre el “Simbolismo de Tauro” desde la perspectiva sintética y matésica del pensamiento del Dr. Serge Raynaud de la Ferriére y del Dr. David Juan Ferriz Olivares.

Tauro

Los mitos y leyendas del Toro, en diversas culturas como los fenicios, hindúes, griegos, yacen desde la Era de Taurus. Pero, para abordar este tema, previamente el Director de la Casa de la Cultura explicó detalladamente el movimiento de precesión equinoccial, tercer movimiento de la Tierra, el cual da ésta sobre sobre su propio eje, como el bamboleo de un trompo; diversas civilizaciones han observado éste movimiento a través de la aparición de las doce constelaciones zodiacales en el punto vernal en un periodo de 25,920 años, pasando cada constelación aproximadamente durante 2,160 años por el punto vernal, formando las denominadas Eras Precesionales y, desde la remota antiguedad se observó que algunas Eras tenían un caracter primordial, siendo la base para el surgimiento de grandes periodos civilizatorios, tal es el caso de las Eras correspondientes a las constelaciones fijas ; en el mismo sentido, anualmente, dentro del zodiaco terrestre aparecen siempre con mayor fuerza en cada época equinoccial y solstilcial, las constelaciones: Acuario, Tauro, Leo y Escorpio; Así, el eminente sabio francés Dr. Serge Raynaud de la Ferrière (1972) menciona:

1er. Ternario (estación de Primavera): Cordero Toro Gemelos

2º. Ternario (estación de Verano): Cangrejo León Virgen

3er. Ternario (estación de Otoño): Balanza Escorpión Centauro

4º. Ternario (estación de Inverno): Macho Cabrío Aguador Peces” (1).

 

 

La representación de estos signos fijos es una constante en diversas culturas como la egipcia, quienes los representaron a través de la esfinge, al respecto el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière (1972) comenta:

Tenemos de nuevo presente en la mente: la Esfinge de Egipto con su cuerpo de Toro, sus patas, garras y cola de León, su cabeza de Hombre (el signo del Aguador que simboliza al Hijo del Hombre) y, finalmente el misterioso signo del Escorpión que se vuelve a encontrar en las alas del animal enigmático de Egipto, porque el profano ignora que el Escorpión (como la serpiente, el cocodrilo, etc.) era un Símbolo de los Colegios del Sur y del oriente que fue reemplazado por los Iniciados Occidentales (de los Colegios del Norte) con el Tótem el Águila. […]” (2)

Así, el Toro, como signo, o Tauro, como constelación, estuvo siempre presente en los mitos de las antiguas cosmogonías, expresando diversas ideas indispensables para la evolución humana, por ejemplo, el trabajo, el soporte, lo concreto, el Maestro, entre otras cosas. Si observamos, además, sus correspondencias planetarias desde una perspectiva cosmobiológica, se puede comprender más su simbolismo, pues, su planeta regente es Venus y el planeta que se exalta es la Luna; el planeta en detrimento Plutón y, quizá, –pues queda por hacer más investigaciones–, el planeta en caída sea Urano. No es casualidad que desde la aniguedad, en muchas representaciones artísticas, están profundamente vinculados Venus con el Toro; así en el antiguo testamento, como muestra el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière en una tabla de su libro “Los grandes Mensajes” (p. ), existe la correspondencia de los signos del zodiaco con los hijos de Jacob, representando Aser al signo del Toro.

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Así mismo, en las iconografías de los cuatro evangelistas según los signos fijos del zodíaco, se tiene que Mateo corresponde al Aguador; Lucas, al Toro; Marcos, al León y; Juan, al Águila.

 Entonces, el Toro representa el trabajo en uno y con los demás, el trabajo de perfeccionamiento para transformarse y evolucionar, la aplicación del Saber, la concreción del Saber en la vida individual y social. La comprensión y aplicación del simbolo del signo del Toro permite la disciplina y el trabajo posterior al Saber. El trabajo que nos impulsa al perfeccionamiento individual y social, inmanente y trascendente, que, como ha expresado el Maestro José Miguel Esborronda Andrade, nos conduzca a “llegar a ser aquello que aún no somos”: eso es el trabajo en el mundo espiritual. El Toro también es la voluntad, la voluntad inquebrantable, constante y orientada por un Saber superior, lo cual nos permite superar el conformismo y la actitud cómoda que nos impiden avanzar hacia nuevos horizontes y realidades, para avanzar conforme a las leyes naturales y vitales, en el Gran Sendero de evolución que todos los seres estamos llamados a cumplir, como expresión del Saber – Querer.

El signo del Toro, como muestran los Dres. Serge Raynaud de la Ferriére y David Juan Ferriz Olivares cuenta con tres componentes: Voluntad, Belleza, Fuerza.

El primer componente de la voluntad, es aquel que debe ser inquebrantable para el cumplimiento de las metas, y su desarrolló y formación representa todo un reto para la educación de nuestro tiempo.

El segundo componente venusino del Toro, hace que se le relacione con la belleza, y Plátón decía que la “belleza es el esplendor del orden acompañado de verdadcomprendida como el esplendor del orden acompañado de verdad”.

El tercer componente corresponde a la fuerza, la cual es necesaria para avanzar y sostener los ideales, superar los obstáculos que son parte de la existencia, que nos permiten saber qué necesitamos cambiar cada uno para evolucionar.

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Es por todo lo explicado, que uno debe Saber y comprender la realidad para que se pueda cultivar la voluntad, la belleza y la fuerza dentro del orden natural de las cosas y de la evolución, teniendo paciencia, profundidad y trascendencia en nuestra existencia. Como menciona el Maestro José Miguel Esborronda Andrade:“El problema no es lo que nos ocurra, sino que lo que nos ocurra no tenga sentido… Todo tiene sentido”. Por ello, el trabajo no es solo comprender el sentido, sino es vivenciar el sentido concreto, pues debe ser una comprensión teórica y práctica.

Finalmente, el conferencista cerró su ponencia con el análisis pictórico de una pintura del Dr. Serge Raynaud de la Ferrière llamada “El Toro”, de la cual se hizo una dinámica de interpretación por parte de los asistentes, quienes brindaron sus análisis, de acuerdo a todo lo observado en la conferencia. Concluyendo que, con bases sólidas y concretas, desde lo denso se puede llegar a lo sutil, alcanzando lo espiritual sin negar lo material, dando orden a la materia, percibiendo la realidad, siendo receptivos y serenos, para coronarlo con la en la alta espiritualidad con el amor universal.

Bibliografía:

(1) Dr. Serge Raynaud de la Ferrière 81972) “Los Grandes Mensajes”, Editorial Diana, México. Pág. 344, pár. 3

(2) Dr. Serge Raynaud de la Ferrière (1972) “Los Grandes Mensajes”, Editorial Diana, México. Pág: 344, pár. 4