NEUROCIENCIAS: LA REALIDAD QUE PERCIBIMOS

“Percibir es un don a conquistar, pues no es solamente  
un acto común de constatación de la realidad.”
Dr. David Juan Ferriz Olivares (1)

Celebrando en febrero de 2012 su séptimo aniversario en Bucaramanga, el Cine-Foro Científico de la Fundación Magna Fraternitas Universalis acudió al universo cerebral para penetrar uno de los enigmas más deslumbrantes de nuestro tiempo y a su vez extender la baraja de oportunidades de comprensión y aplicación de la cultura científica en nuestras vidas.

   Percepcin_de_la_realidad  
«El cerebro es una entidad muy diferente  
de las del resto del universo.
Es una forma diferente de expresar todo.
La actividad cerebral es una metáfora para todo lo demás.
Somos básicamente máquinas de soñar
que construyen modelos virtuales del mundo real».


En una entrevista concedida a Ángela Sánchez, periodista de la revista NUMERO; el neurocientífico Rodolfo Llinás describe el poderoso órgano que es el cerebro…

 

 

“La estructura del pensamiento debe ser analizada, pues es preciso aprobar algunas concepciones que no han podido recibir una aceptación general”.
Dr. Serge Raynaud de la Ferrière (2)

Se puede llamar al cerebro el órgano más complejo del ser humano, es una máquina que no solo procesa la información sensorial, y controla el movimiento, sino que se encarga entre muchas funciones del pensamiento, la cognición, las emociones, la memoria, el aprendizaje, e incluso, el lenguaje. Prácticamente gracias al cerebro podemos percibir el mundo que nos rodea e interactuar en él; además, es el directo responsable de nuestro comportamiento.   

De ahí la importancia de la Neurociencia en las investigaciones científicas actuales. Conocer la estructura y el funcionamiento cerebral es apremiante para saber cómo somos, por qué nos comportamos de determinada forma, y, ¿por qué no?, encontrar la manera de predecir y modificar nuestro comportamiento.


Una de las novedades de la neurociencia ha sido darle la primacía al cerebro en la percepción de la realidad, llegando a afirmar que la mente es quien construye la realidad y no visceversa. Incluso ha considerado la mente y la conciencia como estados funcionales del cerebro. Para entender mejor esta idea, y conocer un poco más sobre este tema, presentamos apartes de una entrevista realizada por la revista colombiana Número al neurocientífico Rodolfo Llinás:

¿Por qué dice que el color, el dolor o el sonido no existen afuera sino adentro?

Lo que hay afuera no es necesaria y únicamente lo que los seres humanos vemos. En realidad, afuera hay todo un caos lleno de cosas que nuestro cerebro no percibe porque no tiene necesidad de hacerlo para sobrevivir: ondas sonoras, electromagnéticas, átomos, partículas de aire, etc. Cada cerebro animal, incluido el humano, aprendió evolutivamente a discriminar de ese caos externo sólo aquello que requiere para sobrevivir. Por eso, los perros «ven» con el olfato, los murciélagos ciegos con el oído, los pajaritos ven muchos más colores que nosotros y no tenemos seguridad de que sean los mismos nuestros, etcétera.
Ejemplo: si un perro y una persona quieren buscar a alguien en un aeropuerto, le damos a la persona una foto del extraviado y al perro una media. Pero si lo hacemos al revés, la foto para el perro y la media para la persona, ¡seguramente nunca encontraremos al perdido! (risas).

Así, se establece un diálogo entre nuestro mundo interno y el mundo externo, por medio de los sentidos, que nos permite elaborar representaciones virtuales de los fragmentos del mundo real que necesitamos para sobrevivir. Pero no tenemos la visión íntegra de todo lo que hay allá afuera. Lo que pasa es que a través de unos quinientos o setecientos años de evolución, los humanos nos hemos puesto de acuerdo en una especie de «alucinación colectiva estándar» y vemos más o menos lo mismo. Eso es lo que nos permite ser una sociedad con referentes universales.

¿Por qué dice que el «yo» es un mito?
Los seres humanos no tenemos cerebro. Somos nuestro cerebro. Cuando le cortan la cabeza a alguien, no lo decapitan sino que lo decorporan. Porque es en este prodigioso órgano donde somos, donde se genera nuestra autoconciencia, el «yo» de cada uno. Por tanto, lo que llamamos «yo» no es separable del cerebro. Si dijéramos «el cerebro me engaña», la implicación sería que mi cerebro y yo somos dos cosas diferentes. Mi tesis central es que el «yo» es un estado funcional del cerebro y nada más, ni nada menos.
El «yo» no es diferente del cerebro. Ni tampoco la mente. Son unos de tantos productos de la actividad cerebral, a partir de la cual hemos llegado a la Luna y tenemos posibilidades ilimitadas de hacer realidad nuestros sueños.


¿Cómo puede ser el «yo» un estado funcional del cerebro?
El núcleo de mi tesis radica en el concepto de oscilación neuronal, como la de las cuerdas de una guitarra o de un piano cuando las pulsamos. Las neuronas tienen una actividad oscilatoria y eléctrica intrínseca, es decir, connatural a ellas, y generan una especie de danzas o frecuencias oscilatorias que llamaremos «estado funcional».
Por ejemplo, los pensamientos, las emociones, la conciencia de sí mismos o el «yo» son estados funcionales del cerebro. Como cigarras que suenan al unísono, varios grupos de neuronas, incluso distantes unas de otras, oscilan o danzan simultáneamente, creando una especie de resonancia. La simultaneidad de la actividad neuronal (es decir, la sincronía entre esta danza de grupos de neuronas) es la raíz neurobiológica de la cognición, o sea, de nuestra capacidad de conocer.

Lo que llamamos «yo» o autoconciencia es una de tantas danzas neuronales o estados funcionales del cerebro. Hay otros estados funcionales que no generan conciencia: estar anestesiado, drogado, borracho, «enlagunado», en crisis epiléptica o dormido sin soñar. Cuando se sueña o se fantasea, ya hay un estado cognoscitivo, aunque no lo es en relación con la realidad externa, dado que no está modulado por los sentidos.


Pero en los otros casos o estados cerebrales, la conciencia desaparece y todas las memorias y sentimientos se funden en la nada, en el olvido total, en la disolución del «yo». Y, sin embargo, utilizan el mismo espacio de la masa cerebral y ésta sigue funcionando con los mismos requisitos de oxígeno y nutrientes.
Aunque el estado funcional que denominamos «mente» es modulado por los sentidos, también es generado, de manera especial, por esas oscilaciones neuronales. Por tal razón podríamos decir que la realidad no sólo está «allá afuera», sino que vivimos en una especie de realidad virtual.
Es decir, que no es tan distinto estar despierto que estar dormido...

El cerebro utiliza los sentidos para apropiarse de la riqueza del mundo, pero no se limita a ellos. Es básicamente un sistema cerrado, en continua actividad, como el corazón. Tiene la ventaja de no depender tanto de los cinco sentidos como creíamos. Por eso, cuando soñamos dormidos o fantaseamos, podemos ver, oír o sentir, sin usar los sentidos, y por eso el estado de vigilia, ese sí guiado por los sentidos, es otra forma de «soñar despiertos».

El cerebro es una entidad muy diferente de las del resto del universo. Es una forma distinta de expresar «todo». La actividad cerebral es una metáfora para todo lo demás. Tranquilizante o no, el hecho es que somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real. (2)

Bibliografía:
1.    Dr. David Juan Ferriz Olivares. La Supremacía de la Jñana Yoga en la Era del Saber. Pág.46/2.
2.    Dr. Serge Raynaud de la Ferrière. Una Matesis de Psicología. Pág. 114/2.
3.    http://www.revistanumero.com/39cere.htm