El fuego del verbo, el ímpetu del alma

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El fuego del verbo, el ímpetu del alma, el dinamismo del espíritu, el sacrifico de ellos mismo o por orgullo de un ejemplo, todo eso hace la influencia especial sobre el signo del cordero. Se verá muy claramente que es a través del desapego y el sacrificio que los nativos de este signo se identificaran con la Conciencia Universal  (ANE/ 347)

Por su defensa de las libertades humanas, defensa que sirvió de ejemplo a otros países latinoamericanos, fue proclamado "Benemérito de las Américas".

Al triunfo de la República, Benito Juárez, dijo en un célebre discurso: "Mexicanos: encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".

"Confiemos en que todos los mexicanos, aleccionados por la prolongada y dolorosa experiencia de las comunidades de la guerra, cooperaremos en el bienestar y la prosperidad de la nación que sólo pueden conseguirse con un inviolable respeto a las leyes, y con la obediencia a las autoridades elegidas por el pueblo".

En octubre de 1867 fue reelecto Presidente de México, se dedicó a organizar la situación económica del país, redujo el ejército, organizó una reforma educativa, ordenó sofocar los alzamientos militares y enfrentó la división de los liberales. Se mostró respetuoso ante la organización de los obreros y artesanos.  (Referencia)

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Cuando Benito Juárez llegó a ocupar la Presidencia de la República los personajes del Partido Liberal que entonces brillaban con luz propia, eran actores que habían labrado un nombre en la arena política nacional por sus habilidades como representantes en el Congreso, o por su participación en las leyes, las armas o las letras. Juárez carecía de esos talentos; sin embargo, frente a esa pléyade de "hombres que parecían gigantes", como los llamó Justo Sierra, Benito Juárez construyó su propio camino para alcanzar uno de los lugares más altos en la memoria nacional. Como dice Daniel Cosío Villegas, "En Juárez se dieron, en una proporción muy finamente equilibrada, el estadista y el político, es decir, el hombre de Estado, capaz de concebir grandes planes de acción gubernamental, y el hombre ducho en la maniobra política". Con esas virtudes Juárez puso en acto las leyes de Reforma que cambiaron el destino de la República. Basta recordar aquí las sustantivas:

* Separación de la Iglesia del Estado
* Nacionalización de los bienes de la Iglesia
* Registro civil de los nacimientos, casamientos y defunciones
* Instauración de la educación laica

Benito Juárez, aun cuando conocía mejor que nadie la situación degradada de los pueblos étnicos, jamás pensó en otorgarles derechos especiales, pues él vio el interés de los indígenas a través de los principios liberales, es decir, promoviéndolos a la categoría de ciudadanos sin más, iguales a los otros.

Otro ejemplo del talento político de Juárez es su capacidad para amalgamar y mantener unido al grupo de fuertes y contrastadas personalidades que componían el Partido Liberal. Así, a pesar de las divisiones internas y las rivalidades personales, Juárez condujo a su partido a metas nacionales, a logros que trazaron el rumbo futuro de la nación. Brian Hamnett dice que la coherencia política de Juárez estaba regida por tres principios:

* Primero, su apego al gobierno constitucional, al estado de derecho.
* Segundo, su convicción de que la ley debería imperar sobre cualquier otro interés.
* Tercero, su fe en la primacía del poder civil como sustento de todo el edificio político.

Juárez fue siempre fiel a estos principios liberales. Pero su lealtad esencial no era partidista, como lo mostró su actitud en los días aciagos de la intervención francesa y el imperio de Maximiliano. Cuando los ejércitos de Napoleón III invadieron el territorio, Benito Juárez asumió a plenitud el cargo de jefe de la defensa nacional, convocó a todas las fuerzas disponibles para combatir al agresor extranjero, y bajo condiciones hostiles y adversas, impuso la derrota al usurpador, acostumbrados a avasallar a los países débiles. Nosotros, decía Juárez, "heredamos la nacionalidad indígena de los aztecas, y en correspondencia con ese legado no reconocemos soberanos, ni jueces, ni árbitros extranjeros". (Referencia)

En 1871 fue reelecto por última vez como presidente. Murió el 18 de julio de 1872 al lado de su familia. (Referencia)